Estos ataques implican costes judiciales muy altos y un gran desgaste psicológico. Están diseñados para silenciar a la ciudadanía.
El caso de Greenpeace es el más visible, pero existen muchos otros sin atención mediática. Estas demandas afectan a periodistas, personal académico y personas como tú y como yo en toda Europa [5].
Es un problema que afecta a toda la ciudadanía.
Porque el derecho a oponerse a las injusticias es básico en nuestra sociedad. Cuando las corporaciones ven peligrar sus beneficios o su reputación, intentan silenciar las críticas. Y la clase política suele ignorar estos abusos.
Pero ya hemos visto que la presión funciona. Nos unimos para apoyar a los grupos de activistas que luchan contra los pesticidas en el Tirol del Sur. Logramos que la agroindustria diera marcha atrás y no cumpliera sus amenazas [6].
El problema es que cada caso exige tiempo, energía y mucho dinero. No resulta viable afrontarlos uno a uno. Por eso hacen falta leyes firmes que protejan a la ciudadanía antes de estas demandas abusivas.
Amigo/amiga, solo tenemos una semana. Cada firma aumenta la presión sobre los Gobiernos para que tomen todas las medidas necesarias. Firma y exige apoyo real para las personas que se movilizan contra las injusticias:
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